Cómo vender por Instagram sin tener tienda online
Vendes por mensaje privado y se te van las tardes. Así puedes seguir vendiendo por Instagram sin montar nada complicado, y cuándo conviene dar el paso.
Si vendes por Instagram, la escena te suena: publicas una foto, llegan doce mensajes, y once son «¿precio?». Contestas uno a uno, copias y pegas la talla, mandas tu número de Bizum, esperas el comprobante, apuntas la dirección en una nota del móvil. A las once de la noche has vendido tres cosas y has pasado dos horas escribiendo lo mismo.
Se puede vender así. Mucha gente lo hace y factura. Pero conviene saber qué se puede ordenar sin montar nada raro, y en qué momento seguir por privado te está costando dinero.
¿De verdad se puede vender por Instagram sin tienda online?
Sí. Vender solo necesita tres cosas: que alguien vea el producto, que sepa el precio y que pueda pagarte. Instagram te da la primera. Las otras dos las estás poniendo tú a mano, en cada conversación.
El problema no es la falta de una web bonita. Es que toda la información vive en tu cabeza y en el historial de chats. Cuando el mismo dato (precio, talla, plazo de envío, gastos de envío a Canarias) hay que repetirlo veinte veces al día, ahí es donde se van las tardes.
Qué puedes ordenar hoy mismo, sin cambiar de sitio
Antes de plantearte nada más, hay cuatro cosas que arreglan la mitad del ruido:
- Pon el precio en el pie de foto. Hay quien lo esconde para «que pregunten». Lo que consigues es que pregunten los curiosos y se vayan los que iban a comprar. Precio visible filtra solo.
- Haz destacados que respondan lo repetido. Uno de «Envíos y plazos», otro de «Tallas y medidas», otro de «Cómo se paga». Son las tres preguntas que te llegan siempre.
- Guarda respuestas rápidas. Instagram te deja crear atajos en los mensajes directos. Si escribes «Se hace por encargo, tarda 7 días» diez veces al día, que salga con dos letras.
- Ordena el feed y guarda las fotos buenas. Las que ya tienes, con su luz y su fondo, son tu catálogo. No hace falta una sesión nueva.
Con esto no dejas de vender por privado, pero dejas de contestar lo obvio. Es media hora de trabajo.
¿Y los enlaces tipo «linktree» o el catálogo de WhatsApp?
Son un paso intermedio razonable. El catálogo de WhatsApp Business te deja tener los productos con foto y precio, y mandar el enlace en vez de escribir la ficha entera. Una lista de enlaces en la bio ayuda a que quien te descubre no tenga que preguntar por dónde empezar.
Lo que ninguna de las dos cosas hace es cobrar. El cliente sigue teniendo que escribirte, tú sigues teniendo que decirle cómo paga, y sigue habiendo un paso donde la gente se cae: cuando hay que preguntar para comprar, una parte no pregunta. Sobre todo de noche, sobre todo si es una compra pequeña.
Cómo saber si te está costando dinero seguir así
No hace falta ninguna herramienta. Mira una semana normal:
- ¿Cuántos mensajes contestas al día y cuántos acaban en venta? Si de veinte conversaciones venden cuatro, las otras dieciséis son tiempo regalado.
- ¿Cuántas veces has escrito el mismo precio?
- ¿Cuántos «te digo mañana» no vuelven? Ese es el coste real de que haya que preguntar.
- ¿Cuántas veces has tenido que buscar un comprobante de pago para saber si alguien te había pagado?
- ¿Te ha pasado vender algo que ya no tenías?
Si alguna respuesta te ha hecho torcer el gesto, ya sabes por dónde va el asunto.
Pasar tu catálogo de Instagram a una tienda: qué necesitas de verdad
Aquí es donde mucha gente se atasca, porque se imagina un proyecto de tres semanas. No lo es, si lo montas con lo que ya tienes. Esto es lo que hace falta:
- Fotos: las de tu feed. Las mismas. Descarga las que mejor funcionaron, una o dos por producto.
- Nombres y descripciones: los pies de foto que ya escribiste. «Bolso de piel cosido a mano, 30x20, se hace por encargo» ya es una descripción.
- Precios: los que repites por privado. No te reinventes la tarifa ahora, eso te bloquea.
- Envíos: dos opciones bastan. Recogida y envío nacional con una tarifa plana. Ya lo afinarás.
- Cómo cobras: lo mismo que usas hoy. Si cobras por Bizum, sigue siendo Bizum.
Con diez productos vas sobrado para empezar. No subas el catálogo entero: sube los diez que más te preguntan. El resto lo añades cuando tengas un rato muerto.
Empieza por los productos que ya te preguntan
Un detalle que cambia el resultado: los primeros productos que subas deben ser los que más aparecen en tus mensajes, no los que a ti te gustan más. La tienda existe para responder a lo que ya te están pidiendo.
Lo que cambia cuando el cliente puede pagar solo
El cambio no es estético. Es que el mensaje «¿cuánto vale?» se convierte en un enlace, y el «te paso mi Bizum» se convierte en que el cliente paga a la hora que le da la gana. Tú te enteras después.
Y hay dos efectos que no se ven al principio:
- Dejas de perder la venta nocturna. La gente compra a las once y media. Si a esa hora hay que esperar tu respuesta, mañana ya no le apetece.
- Deja de importar el alcance de un post concreto. El enlace lo puedes poner en la bio, en un destacado, en la respuesta automática, en el ticket de un mercadillo. El catálogo vive en un sitio fijo.
Un aviso sobre las comisiones
Antes de elegir dónde montas nada, mira dos cosas: dónde entra el dinero y cuánto se queda por el camino. Hay plataformas que se llevan un porcentaje de cada venta, además de la cuota. Si vendes bisutería a 15 € con un margen justo, ese porcentaje se nota mucho más que la cuota mensual. Y pregunta si el cobro entra en tu cuenta o en la de un intermediario que te lo transfiere cuando le toca.
Dónde encaja Tavoom
Nosotros hacemos justo esto: montar la tienda en dos pasos con las fotos y los textos que ya tienes en Instagram, y cobrar en tu propia cuenta por Bizum o transferencia, con Stripe o con el TPV de tu banco. Sin comisión por venta. Puedes verlo en detalle en la página de cobros.
Hay 30 días de prueba y no pedimos tarjeta para empezar. Sube diez productos, manda el enlace a los tres siguientes que te escriban «¿precio?» y mira qué pasa. Si no te ahorra tardes, lo dejas y no has pagado nada.
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